| Arqueología
El Parque Nacional Talampaya posee una
importante riqueza arqueológica. Las ocupaciones humanas ocurridas entre los
años 120 y 1180 de nuestra era, utilizaron cuevas y aleros del lugar como
viviendas, depósitos y enterratorios.
A cielo abierto, sobre paredones verticales y grandes rocas, una numerosa
cantidad de grabados figurativos (antropomorfos y zoomorfos) y abstractos
(geométricos) expresan una fusión armonizante entre naturaleza y cultura,
componiendo una de las localizaciones más relevantes del arte rupestre
argentino.
El noroeste argentino, según los hallazgos arqueológicos, se encontraba
habitado por el hombre moderno hace más de diez mil años. Sus habitantes
eran cazadores recolectores que convivieron con una fauna actualmente extinta
y dejaron un importante legado que ha asombrado a los científicos.
La región fue habitada por varias culturas indígenas como atacamas,
diaguitas, omaguacas, lule-vilelas y tonocotés.
Los diaguitas (también llamados Cacanos o Calchaquíes) fueron el grupo étnico
más representativo y civilizado del noroeste argentino. Agricultores
sedentarios, fueron destacados alfareros y metalúrgicos (trabajando metales como
el cobre), y también se dedicaron a la cría de animales como la llama. En cuanto
a su religión adoraban al sol “Inti”, al trueno y al relámpago. La Pachamama es
la madre tierra y a ella imploraban la fertilidad y el éxito de las cosechas.
Formaban numerosas parcialidades, como los pulares, chicoanas,
tolombones, quilmes, tafís, hualfines, luracataos, yacaviles, por nombrar las
más destacadas; y hablaban una misma lengua, el kakán (posteriormente
reemplazado por el quechua).
Los
diaguitas y sus numerosas parcialidades lograron rechazar el avance del
imperio incaico dos veces, pero en el 1300 del siglo XIV el imperio logra la
dominación. No obstante, los aborígenes de la región pudieron conservar sus
hábitos y forma de vida.
Parte de la región del noroeste, a partir del siglo XV (aparentemente desde
1480 D.C.), fue ocupada por los incas, los cuales construyeron instalaciones
en las que se funden distintos aspectos de la organización social, política
y económica del imperio, en donde el significado simbólico, ritual, artístico,
astronómico y político esta presente y forma parte indivisible de toda la
cosmovisión incaica que se asentó en esta área.
Los Quilmes fueron otra cultura indígena que poseía un alto grado de complejidad
social y económica cuando arribaron los españoles, resistiendo tenazmente la
conquista desde su ciudad fortaleza hasta ser finalmente deportados a Buenos
Aires en 1666.
En la región hay vestigios de caminos incas; tambos o lugares de descanso,
provisión y almacenamiento; y los conocidos pucarás o fuertes.
Los coyas son una notable población indígena que aún sobrevive en esta región,
manteniendo su lengua nativa, el quechua, y la artesanía tradicional con sus
adornos colgantes y diversas clases de platos, vasijas y confección de
tapices.
Entre las culturas indígenas que habitaron la región se destacan:
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La Condorhuasi (200 A.C. – 200 D.C), ubicada en la zona de Hualfin, Catamarca, que se caracterizaba por la alfarería con cerámicas polícromas;
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La Aguada (650 D.C. – 850 D.C.) que se expandió desde La Rioja y Catamarca hasta Salta y Tucumán, destacándose en la creación de cerámicas de color gris o negra, y en la actividad metalúrgica, creando hachas ceremoniales y discos de bronce
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La Tafi (500 D.C– 800 D.C. siglos IV a IX D.C.), cultura agroalfarera ubicada dentro del territorio de Tucumán que produjo instrumentos de piedra, madera y hueso, y desarrolló una metalurgia muy incipiente.
Eran hábiles agricultores y alfareros, y vivían en casas
semisubterráneas de paredes de piedra y techos de madera y paja. Dentro del legado que ha dejado se destacan los menhires decorados con rústicos motivos.
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La Belén (1000 D.C.– 1500 D.C.), que se destacó por la actividad metalúrgica, observando un importante nivel reflejado en sus discos de bronce fundidos, además de barreales ubicados en el fondo de los valles utilizados para efectuar sus cultivos. Se asentaron en Catamarca.
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La Santamarina (1000 D.C. - 1600 D.C.), que se asentó en Tucumán,
era proveniente del Valle de Santa María, en la actual provincia de
Catamarca, logrando extenderse por un gran sector de los Valles
Calchaquíes. Poseía una estructura social y política más desarrollada
que otros grupos y adoraba al sol y al trueno. Asociaba, además, sus
funerales con rituales para la invocación de la lluvia a favor de las
cosechas.
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La
Sunchituyoj (800 D.C.– 1100 D.C.), que utilizaba hábilmente las
boleadoras y las hachas, y se ubicó en Santiago del Estero.
Música Tradicional
El folklore esta sumamente arraigado
en esta región, especialmente en Tucumán y Santiago del Estero, origen de
muchos de los más destacados intérpretes y compositores de música popular
del país.
Es así como se encuentran en casi todas las localidades de la región sitios
donde se pueden disfrutar zambas, vidalas, coplas y chacareras, abundando
las peñas y festivales en las que se pueden deleitar con la participación
tanto de reconocidos artistas como de jóvenes talentos.
Instrumentos
Típicos
Los instrumentos autóctonos de esta región son el charango (instrumento de cuerda cuya caja es de caparazón de quirincho), el erke (instrumento de viento de origen quechua utilizado para la celebración del Corpus Christi en Salta y la Quebrada de Humauaca en Jujuy), la quena (flauta sin embocadura actualmente de caña que los indígenas construían con madera o tierra cocida y tibias), y el bombo (instrumento de percusión utilizado en el folklore nacional realizado en una sola pieza de madera de ceibo ahuecada).
Danzas
Tradicionales
Las danzas de la región son la zamba (de ritmo lento y melancólico, donde intervienen los pañuelos de la pareja que la baila, y el hombre y la mujer destacan su galanteo); el malambo santiagueño (solo la baila el hombre, destacándose su destreza en el zapateo); el gato (de ritmo alegre, homenajeando las cosas buenas de la vida, donde el hombre zapatea y la mujer lo ronda admirando su destreza); el escondido (semejante al gato pero que en un momento el hombre se esconde para que al mujer baile sola); la chacarera (propia de la cultura gauchesca que tiene un ritmo pegadizo, con letras de dolor y desgracia que transparentaban el carácter de los gauchos cuando se sentían melancólicos); las cuecas, los bailecitos y los carnavalitos (bailes en grupo típicos de la región, que utilizan en su acompañamiento instrumentos indígenas como el charango, tambores y las flautas).
Artesanías
La platería de la región es una importante huella de los orfebres del siglo
XVIII, que se destaca por la calidad de piezas únicas y clásicas, como
bombillas, pavas, mates, sahumadores y los destacados juegos de té.
La artesanias en arcillas naturales juegan un papel trascendental. La cestería
también adquiere relevancia en al región. También se destacan las piezas de
cerámica negras, que suelen tener impresos motivos preincaicos como el tatú
(animal similar al conocido armadillo).
Los ponchos, frazadas, medias, guantes y gorros, hechos en telar con lana de oveja, vicuña o llama, son piezas únicas hechas a mano.
Alimentación
y Gastronomía
La base de la alimentación está compuesta por el maíz, el poroto, el
pimiento, la sal, la harina, el zapallo, la cebolla, la palta, la manteca, el
aceite, el azúcar, la zanahoria, las especies, la carne de llama, de cordero,
de vizcacha y el chivito. Entre los pescados encontramos especialmente el
surubí, el pejerrey (provenientes de las aguas del Río Bermejo y Río Grande
de Tarija), y las truchas (lagunas y ríos de la Puna).
Si bien la cocina del noroeste argentino es picante no llega a la magnitud de
otras conocidas, como la chilena, mexicana o hindú.
Los platos regionales son el locro (guiso de maíz hervido, frijoles, alubias,
garbanzos, con trozos de cerdo o panceta, mondongo, chorizo y hortalizas,
ideal para servirlo en cazuelas de barro); los tamales (que se cocinan en agua
hirviente y consisten en una pasta de harina de maíz blanco con manteca y
condimentos, que se dispersa sobre dos chalas adicionándole carne vacuna o de
pollo con salsa, pasas de uva y/o huevo duro); la humita (choclo rallado
mezclado con salsas diversas de cebolla, tomate, perejil y albahaca, cubierta
por hojas de chala); el charqui (carne de vaca, cordero, cerdo, llama o ñandú
tierna y desgrasada); y otros como la chafaina (de sangre y menudencias de
cordero); mazamorra; estofado con pelones; asado de cordero y charquicillo.
También se destacan las empanadas, especie de
pastelitos, que pueden freirse o hornearse, y que se rellenan con carne (en
esta región generalmente cortada a cuchillo), pollo, jamón y queso o queso
solo, y también con humita.
La chicha es una bebida de las fiestas (que se elabora con agua y harina de maíz
o maní, se mezcla para dejar fermentar en ollas de barro, para luego hervir,
y posteriormente a su segunda fermentación, endulzar).
Un postre característico y exquisito en la región es el dulce de cayote con
nueces, el quesillo con miel de caña, las colaciones, los gaznates (masa fina
precocida con dulce de leche, cayote, o membrillo, que se envuelve como un pañuelo
y se cubre con una capa de azúcar para recibir una horneada final), los
turroncitos de miel, las tortitas de leche, los mantecados y las típicas
nueces confitadas son un deleite para toda ocasión.
Se destaca en elaboración artesanal el gaznate con dulce de leche, el alfajor
triple con dulce de leche o dulce de membrillo, el alfajor arqueadito con
dulce de leche y el bombón nuez confitado con dulce de leche, que es una
delicia.
La miel de caña como los arropes de chañar, de uva y de algarrobo son de
gran calidad como así también los dulces de zapallo, limas, papaya e higos
en almíbar y por supuesto el conocido dulce de leche.
También se pueden saborear otros dulces caseros con frutas de la región
(manzana, durazno, membrillo, damasco y ciruela, entre otros).
Las influencias de la cocina española e italiana han penetrado fuertemente en
la región.
Actividad
Económica
El cultivo de la caña de azúcar, conjuntamente con el de porotos y el
tabaco, planta originaria del continente americano, están entre los mas
destacados en la región. La zafra (cosecha y fabricación de azúcar) dura
aproximadamente unos cinco meses y constituye un verdadero impulso en la
provincia de Tucumán; porque con la actividad se pone en funcionamiento los
trapiches de los antiguos ingenios reactivando la economía. La región
azucarera comprenden los departamentos de Burruyacú, Graneros, Río Chico,
Leales, Cruz Alta, Chicligasta, Monteros, Lules, Famiallá y Simoca.
La producción frutal como el mango, la palta y los
cítricos, como mandarinas y pomelos, son transcendentales en esta región,
por sus condiciones climáticas especiales y ausencia de plagas.
El cultivo de la vid también es importante, dando lugar a una industria
vitivinícola destacada.
Los higos, nueces, aceitunas y pasas de uva que se obtienen en esta área son
de primera calidad.
La quinoa es un vegetal que se ha utilizado en la región como alimento por más
de cinco mil años. Su harina sirve de sustituto de la del trigo y los tallos
son aptos para el forraje, mientras que sus hojas tiernas son similares a la
espinaca. También se destacan los cultivos milenarios que utilizaron los indígenas
como el maíz, el zapallo, la papa y los porotos.
Continuando con la tradición comenzada en la época de la colonia, los fines
de semana abren las ferias y mercados, que ofrecen directamente productos de
la tierra frescos y de calidad, como verduras, frutas, hierbas y especias,
junto a artesanías típicas.
La industria vitivinícola de esta región, junto a la de cuyo, ha logrado
penetrar en el competitivo y exigente mercado mundial y se destaca
principalmente en Salta y La Rioja, donde la producción de vinos ha obtenido
un importante reconocimiento internacional, que se materializó en importantes
premios y galardones. Se puede citar la bodega Michel Torino Hermanos S.A.,
ubicada en los Valles Calchaquíes en la localidad de Cafayate (Salta),
contando en sus viñedos con cepas tintas como Cabernet Sauvignon y blancas
como el Torrontés Cafayate y el Chardonnay; y en la bodega La Rioja S.A.C.I y
A, ubicada en Chilecito, Nonogasta (La Rioja), contando en sus viñedos con
cepas tintas como Cabernet Sauvignon, Merlot, Lambrusco y Bonarda, y cepas
blancas como Torrontés Riojano, Riesling Renano, Pinot de la Loire, Moscatel
y Chardonnay.
La industria papelera se destaca gracias a las imponentes áreas forestadas
con pinos, eucaliptos y otras especies arbóreas típicas, que se utilizan en
esta industria para producir papel tisú y kraft.
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